El sueño se va cumpliendo

Agosto 2018. Esta es la traducción de un texto de Alberto Corbino. Esperamos que os guste tanto como a nosotros, porque esto es lo que más de un niño pudo sentir el 25 de agosto de 2018…

EL NIÑO Y LOS EXTRATERRESTRES

Tengo ocho años, soy huérfano desde hace tres y nací, como dicen aquí, en el culo del mundo, en medio del continente africano. Siento en mí tantas ganas de vivir que algunos me dicen que tengo muchas fantasías, demasiadas tal vez, porque yo… creo en los extraterrestres. Si me das cinco minutos, te explico por qué.

Passy, ​​la señora que nos ha acogido, nos lleva a la iglesia el domingo, donde un sacerdote elegante y gordo nos dice que recemos a los ángeles del cielo. Pero yo he dejado de creer. Desde la muerte de mamá y papá he rezado incluso más, pero sigo teniendo hambre, durmiendo en el suelo, temblando de frío por la noche, haciendo mis necesidades detrás de los árboles y jugando nada más que con briznas de hierba. Solo tengo una camiseta sucia y un pantalón corto rojo. Mis zapatillas están rotas y ya no puedo ir a la escuela, aunque la echo de menos porque era un sitio agradable donde aprendía mucho y rápido. Cada noche miro a las estrellas e intento buscar a mamá. Me siento pequeño y solo. Mi estómago gruñe y entonces me concentro más fuerte. Miro al cielo y hablo con mamá y papá, con los ángeles y hasta con Dios. Hablo y lloro, pero no pasa nada.

El día a día de muchos niños en RDC
El día a día de muchos niños en RDC

Un día, estando en el pozo, los vi pasar. Esas extrañas criaturas. Passy y los otros niños los llaman “mzungu”, que en nuestra lengua significa hombre blanco, o más bien todos los que no son negros. Dan un poco de miedo. Los abuelos de nuestros abuelos contaban que un rey mzungu cortaba las manos a los niños que no les llevaban suficientes diamantes y oro al final del día. Bueno, en resumen, que son raros. Así que, yo creo que son extraterrestres. Ninguno camina, creo que no tienen piernas. Pasan rápidamente en jeeps conducidos por los rangers negros con sus bonitos uniformes verdes del parque de Virunga. Tienen el pelo de oro y la ropa limpia. Algunos son tan gordos como diez africanos. A veces, alguno enseña una mano blanca por la ventanilla (al menos una mano sí tienen) y con ella saludan. Otros enseñan una caja negra cuadrada y después la esconden. Parece que también lo hacen con los gorilas, nuestros gorilas sagrados de montaña, esos que a mí me dan miedo, pero a ellos evidentemente les gustan porque van a buscarlos y he oído que pagan mucho dinero por ello. Ese dinero con el que yo compraría tanta comida para y mí y para todos mis amigos. Ellos van a buscarlos al bosque, les apuntan con su caja cuadrada y no los matan. Sí, tienen que ser alienígenas porque no se parecen a los ángeles de los que habla el cura y si fueran humanos, aunque fuesen mzungu, se interesarían por nosotros que les saludamos gritando cada vez que pasan. Porque nosotros somos más bonitos que los gorilas, creo yo.

Saludar a los mzungu en jeep Algo para comentar con los amigos
Saludar a los mzungu en jeep, algo para comentar con los amigos

Un día, nunca lo olvidaré, un jeep de los rangers se detuvo frente a nuestra choza. Hicieron bajarse a tres de ellos: tenían pechos y tenían piernas como nosotros, pero no hablaban igual. A uno, una más bien, la llamaron por un nombre raro: Marlene. Hablaba francés con Passy. Nos sonrió y todos estábamos tímidos y asustados. Yo no sabía qué decir, pero pensé: señor alienígena, por favor, sáqueme de aquí, quiero ver qué hay más allá del pozo de agua donde voy todos los días para llenar mi bidón pesado. Pero ella no respondió. Sonrió, abrazó a Passy y se marchó.

Pero luego, algún tiempo después, regresó con muchos regalos. Puso nuestra casa de madera en orden, hizo una caja de madera con un agujero en el suelo como un baño, compró camas de verdad y puso un suelo duro en la choza. Tuvimos otra casa, nos dividieron entre chicos y chicas. También empezamos a ir a la escuela y a dormir más cómodamente. En las noches frías nos arrimábamos unos a otros y soñando con los extraterrestres calentábamos nuestros corazones.

A veces los rangers hacen bajar a alguno
A veces los rangers hacen bajar a alguno…

De vez en cuando, otros alienígenas pasaban frente a nosotros, en el camino que conduce a la montaña de los gorilas, pero ninguno nos mostraba sus piernas.

Y luego vino otra alienígena, con el pelo blanco y liso. La llamaban Helen y tenía una sonrisa dulce y unos ojos muy claros. Ella también nos dejó algunos regalos y entendí que volvería.

Y luego, un tiempo después, Marlene vino con el alienígena más raro de todos: era un nuevo tipo de extraterrestre, no tenía pechos, ni pelo, tenía un poco de tripa y una barba casi blanca que nunca había visto antes. Y no dejó de reírse, dibujar y bailar con nosotros. Tenía que ser un niño extraterrestre. Aunque parecía muy viejo con esas gafas en sus ojos y su cabeza brillando como la luna.

Presente y pasado y solo estamos empezando
Presente y pasado… y solo estamos empezando!

Él regresó con algunos regalos y con otros divertidos alienígenas con nombres también divertidos: Cinzia, Daniela, Lee, Miriam… Lee también tenía que ser un niño, porque lo vi llorar junto con el alienígena barbudo, como hacen los niños, abrazándose el uno al otro.

La última vez que se fue, el alienígena barbudo nos hizo una pregunta: “¿qué tipo de sorpresa os gustaría para la próxima vez que venga?” Y respondimos en coro: una casa de verdad, con agua, electricidad y ventanas. Ocultó sus lágrimas con una sonrisa. Prometió que regresaría con la casa y se fue en silencio.

Pero no ha vuelto. Passy dice que porque la guerra ha empeorado y los mzungu tienen miedo de regresar. Sé que los alienígenas no tienen miedo, pero Passy dice que los guardas no le dejarán entrar a Congo hasta que la situación sea más segura para él. Me preocupa, porque yo y otros confiamos en él. Estoy triste y me pregunto si él está triste también. Aunque confío, porque entre los niños, incluso si uno es alienígena, la palabra siempre se mantiene.

25 de agosto Noche de traslado a la nueva casa
25 agosto: noche de traslado a la nueva casa

Y esta noche ha sucedido algo estupendo: nos han subido a todos, los 65, a grandes camiones. Con camas, ropas, lápices de colores, el balón, ollas y colchones y nos hemos ido más allá del pozo, atravesando despacio muchos campos, viendo a otros niños y a mucha gente que nos miraba con curiosidad. Y hemos llegado a una casa grande. Con techo, baños y ventanas. Es preciosa. La cosa más bonita que he visto nunca después de la sonrisa de mi madre.

Tengo ocho años y acabo de entender dos cosas: nunca dejes de esperar y… los alienígenas siempre cumplen sus promesas.

(PD: para los que no lo entendieron, la noche del 25 de agosto de 2018, nuestros niños fueron trasladados del cuartel de Rugari a su nueva casa en Rumangabo.)

¡Gracias a todos por vuestro apoyo, seguid creyendo en los sueños!

El dormitorio de las chicas
El dormitorio de las chicas, el primer edificio de los cuatro previstos de Las Gacelas de Silvana, centro para la infancia y la comunidad, en Rumangabo, Kivu Norte en RDC (agosto 2018)